Todavía Estoy Aquí: la memoria de la resistencia

Andrés Izarra
5 min readFeb 17, 2025

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Hay heridas que nunca terminan de cicatrizar. Nos las lamemos una y otra vez, como animales que intentan curarse, esperando que el tiempo forme la costra. Pero ahí siguen, vivas, punzándonos con su dolor. Algunas siguen supurando a pesar del tiempo, como los crímenes de lesa humanidad de las dictaduras del Cono Sur; otras nuevas se abren cada día, como las que deja la represión y el terrorismo de Estado en Venezuela. Ainda Estou Aqui, de Marcelo Rubens Paiva, y La Llamada, de Leila Guerriero, parecen formar parte de ese intento incesante de la sociedad por cicatrizar sus heridas: al revisar sus historias, al conectar lo íntimo con lo político, lo personal con lo colectivo, la tragedia de una familia con la lucha de un país, nos obligan a volver una y otra vez sobre el dolor, quizá como forma de sanarlo.

La vida de Eunice Paiva y sus cinco hijos da un giro trágico cuando su marido, el exdiputado Rubens Paiva, es desaparecido por la dictadura brasileña. Los militares ocultan su muerte bajo tortura con el cuento de un rescate por un “grupo terrorista”. Ainda Estou Aqui repasa las casi cuatro décadas de lucha de Eunice por descubrir la verdad sobre el destino de su marido, una batalla que es, en esencia, la de Brasil por recuperar la democracia, la justicia y los derechos de los más vulnerables en una sociedad más justa.

Eunice no se quiebra: se reinventa. No se presenta como víctima, sino que enfrenta a los militares; su orgullo no se doblega ante los torturadores. Se convierte en abogada de derechos humanos, canaliza su dolor en una causa mayor y, con una fuerza vital inquebrantable, saca adelante a sus cinco hijos. No se deja consumir por el odio ni por la desesperanza. La dictadura pudo arrebatarle a su esposo, pero no su dignidad ni su determinación de seguir en pie.

“El crimen fue contra la humanidad, no contra Rubens Paiva. Necesitamos estar sanos, bronceados para la contraofensiva. Angustia, lágrimas, odio, solo entre cuatro paredes. Fue mi madre quien dictó el tono, ella quien nos enseñó”, escribe su menor hijo, Marcelo, el único varón de la familia.

Aquí es donde la historia deja de ser solo memoria y se convierte en un espejo: más allá de la denuncia política, muestra cómo una tragedia familiar se transforma en un proceso de reconstrucción social; cómo la pérdida personal se convierte en la búsqueda de justicia de todo un país. Y en ese reflejo, nos confronta con una pregunta que persiste en cada historia de violencia y resistencia: ¿cómo seguir adelante cuando te lo han arrebatado todo? Una pregunta que resuena hoy ante la brutalidad del terrorismo de Estado en Venezuela y que nos recuerda que, en América Latina, las dictaduras no son solo un espectro del pasado, sino un ciclo en el que seguimos atrapados.

El eterno retorno

Durante 18 semanas consecutivas, Ainda Estou Aqui se mantuvo como el libro más vendido en Brasil, mientras su adaptación cinematográfica compite este año por el Óscar a mejor película extranjera. Por su parte, el suplemento literario del diario El País nombró La Llamada, de Leila Guerriero, mejor libro de 2024 en Iberoamérica. El éxito comercial de estas obras refleja una lenta y dolorosa digestión del pasado, un intento por aprender para que no se repita. Un proceso que recuerda a la sociedad alemana tras el nazismo, donde la memoria se convirtió en pilar para impedir el regreso de la barbarie.

Mientras Brasil intenta procesar los horrores de su dictadura, en su vecino Venezuela esa historia sigue escribiéndose: un terrorismo de Estado que persiste bajo la dictadura de Maduro, como si el fantasma del pasado se resistiera a desaparecer.

En una entrevista, Fernanda Torres, protagonista de la película, trata de explicar que Brasil fue víctima de su tiempo: “Las dictaduras de Suramérica no eran un asunto de repúblicas bananeras. Formaban parte de la macropolítica de la época. Por eso siempre repito que fuimos víctimas de la Guerra Fría”. La pregunta es entonces inevitable: si Brasil fue pieza de aquel ajedrez geopolítico, ¿no es Venezuela hoy reflejo de una Guerra Fría 2.0, en la que las grandes potencias vuelven a jugar a favor de las dictaduras?.

Quizás por eso la historia se repite. Si antes las dictaduras en América Latina fueron patrocinadas por las potencias de la Guerra Fría, hoy nuevos y viejos imperialismos compiten por mercados y zonas de influencia, dejando a los países atrapados en esa pugna: como ocurre hoy con Ucrania o Siria. No es un accidente, es un síntoma de una geopolítica donde las dictaduras siguen siendo herramientas de control e influencia. Como entonces, las grandes potencias no ven regímenes autoritarios, sino aliados estratégicos. Y como siempre, los que pagan el precio son los pueblos sometidos al terrorismo de Estado. Nada debemos esperar, salvo de nosotros mismos, para reconquistar la democracia.

Recordar es resistir

La memoria histórica no es un acto nostálgico, sino un puente entre el horror de ayer y la resistencia de hoy. Como advirtió Hannah Arendt, todo régimen totalitario necesita borrar su propio pasado para garantizar su supervivencia. De ahí que la lucha por recordar no sea solo un deber moral, sino un acto de resistencia. En sociedades marcadas por la violencia, el recuerdo no es pasado: es un campo de batalla donde se decide el futuro.

Si en Brasil y Argentina las heridas se suturan con justicia y relatos, en Venezuela el régimen sigue disparando contra el tiempo: desaparecidos retenidos en cárceles clandestinas, reclusorios convertidos en centros de tortura, niños tras las rejas, familias destrozadas por la incertidumbre o por las condiciones inhumanas del encarcelamiento. Pero esta tragedia no ocurre en el vacío. Como antes lo fue el Cono Sur, Venezuela es hoy un escenario de fuerzas que la trascienden. Forma parte de una macropolítica donde viejos y nuevos poderes compiten por mercados, territorios y áreas de influencia, mientras la vida de la gente común se convierte en pieza prescindible en el tablero global. La represión interna no es solo el reflejo de un régimen que se perpetúa, sino de un sistema de poder donde las dictaduras siguen siendo funcionales.

Aun así, las historias como la de Eunice Paiva no son solo advertencias: son pruebas de que el terror no es invencible. Por cada víctima del Cono Sur que exhumó la verdad, hay hoy en Venezuela una madre que grita el nombre de su hijo frente a una prisión, un preso político que sobrevive al encierro con la dignidad intacta, un estudiante que alza la voz donde otros fueron silenciados. La máquina de borrar fracasa cuando alguien insiste en nombrar lo innombrable.

Leer Ainda Estou Aqui es, en el fondo, un acto de resistencia contra esa máquina de borrar. No solo nos cuenta lo que fue, sino que nos interpela: ¿qué hacemos con esa memoria? Porque la historia, como el dolor, solo se transforma si alguien decide sostenerla, darle sentido y convertirla en acción.

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Andrés Izarra
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Written by Andrés Izarra

Periodista venezolano desterrado por el madurismo. Ex-ministro de Información del presidente Chávez. Escribo sobre política y comunicaciones estratégicas

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