La imposibilidad del perfecto estafador

Andrés Izarra
1 min readApr 18, 2023

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No hay razón suficiente para justificar el desarrollo de una tecnología que pueda emular el hermoso y enigmático acto de la creación, especialmente en lo que concierne a la palabra escrita.

La escritura tiene el encanto único de mostrarnos quiénes somos.

Un buen texto evoluciona continuamente, se construye sobre lo ya recorrido; avanza de forma constante.

El motor que nos impulsa a sumergirnos en nuestras conciencias para emerger con la palabra precisa; el impulso creativo, es lo que ninguna máquina puede replicar con exactitud.

Aunque la inteligencia artificial pueda imitar o incluso mejorar algún texto, eso no es lo verdaderamente importante. El arte está vinculado a nuestras limitaciones, fragilidades y defectos como seres humanos. Reside en la distancia que somos capaces de atravesar a pesar de nuestras debilidades.

La verdadera maravilla del arte radica en que nosotros, seres intrínsecamente imperfectos, en ocasiones logramos crear cosas extraordinarias.

La inteligencia artificial no puede eso. Al carecer de limitaciones, la genuina experiencia artística le está vedada. No tiene nada que superar. Se percibe como una imitación de la humanidad, un impostor.

La inteligencia artificial podría tener el potencial de salvar al mundo, pero no puede redimir nuestras almas. Esa es la tarea del verdadero arte. Esa es la diferencia. En mi humilde opinión, es preferible dejar al robot como servidor de otros robots, incluso si estos son de carne y hueso.

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Andrés Izarra
Andrés Izarra

Written by Andrés Izarra

Periodista venezolano desterrado por el madurismo. Ex-ministro de Información del presidente Chávez. Escribo sobre política y comunicaciones estratégicas

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